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Comilonas navideñas y buenos hábitos

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Cuando llega final de año, las fiestas de acumulan. Y no solo son épocas en las que los niños tienen un “descanso “de su rutina escolar, sino que suele también ser una época en la que la rutina, en cuanto alimentación se refiere, también varía.
Las celebraciones en general, suelen realizarse alrededor de la mesa. Aunque los más pequeños no suelen dedicar mucho tiempo a estar sentados, si que aprovechan para comer alimentos que no suelen estar presentes el resto del año.
Las comidas son más abundantes, calóricas y cargadas de “azúcares” porque a nadie le “amarga un dulce”. Turrones, roscones, mazapanes, cocidos… y un sinfín de ricos, y apetecibles alimentos que además, no siempre se comen con mesura.
Es importante que los niños disfruten y prueben de todo, pero a su vez tienen que aprender también, a controlar cantidades. Es difícil de entrada pedirle a un niño, que controle qué y cuánto comer pero es parte de su educación y es necesario que el adulto le acompañe y le enseñe. De este modo conocerá también cuales son los límites sin necesidad de pasar por molestias gatrointestinales.
Además de las comidas, los cambios en el hábito en actividad física también pueden ocurrir en esta época. Hay quien aumenta su práctica ya que aprovecha las fiestas para hacer deportes que el resto de año no puede practicar, como por ejemplo esquí en familia. Pero por otro lado los hay que están más “sedentarios”. Intentar aprovechar este paréntesis para crear una dinámica de “ejercicio en familia” es ideal. Hay que conseguir crear ese hábito que no sea “fugaz” y relacionado no solo a los momentos en los que tenemos varios días festivos seguidos sino que hay que intentar mantenerlos ya como parte del “día a día” tarea nada fácil pero no imposible.