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Comer en familia

MR: A; B; C; D; E; F;, PR: 1 | date created: 2007:04:20

Encontrar a toda la familia junta alrededor de la mesa es cada vez menos habitual. La complejidad de los horarios de todos los componentes de la familia, suelen llevar a que el momento de la comida sea un mero trámite. Un trámite en que de manera “utópica” para muchos no solo se trataría de “engullir” sino que compartir un espacio de tiempo para todos.

Existen muchas familias que día tras día los miembros “coinciden” por el pasillo, compartiendo baño o en el coche de camino a la escuela y suele ser siempre todo a la “carrera”. Estar sentados en la mesa, sin la televisión de fondo y comentando cómo ha ido la jornada, es quizás el único momento de tranquilidad del día. Es una oportunidad donde además de conocer lo que ha sucedido, que tiene gran importancia para los pequeños ya que implican a sus padres y hermanos en su jornada, también se habla de una correcta alimentación y de todo lo que significa porque al fin y al cabo, se está delante de un plato de comida.

Una alimentación equilibrada es un hábito que desde pequeños debe formar parte de la vida. Por ello, comer en familia es un hecho que, si se repite, fomenta que a la larga los miembros más pequeños acaben por adoptar las buenas costumbres. Estas buenas costumbres van desde sentarse de manera correcta, masticar adecuadamente o aprender a controlar las raciones y combinaciones de alimentos.

Asociado a lo que son las buenas prácticas y hábitos en la mesa, es evidente que existe una clara relación entre la comida y patologías asociadas con la alimentación. En este punto cabe destacar que en el año 2011 se publicó en la revista médica “Pediatrics” el estudio Frecuencia de las comidas familiares compartidas relacionada con la salud nutricional de niños y adolescentes“. En este se destacaba que el hecho de comer en familia tenía una influencia directa sobre la posible existencia de sobrepeso en niños y jóvenes. Entre sus resultados algunos que se destacan son que compartir mesa reducía en un 12% la probabilidad de sufrir sobrepeso y un 20% de comer alimentos poco saludables.

Otro punto en el que el estudio incide, y que afecta más a las chicas que a los chicos, es que al compartir mesa existe menor probabilidad de que se puedan desarrollar trastornos de la alimentación, aunque es evidente que en estos casos, existen otros factores que pueden llevar a desarrollar estas patologías el hecho de compartir mesa minimiza el riesgo.

Sentarse alrededor de la mesa es un acto social de gran importancia. Muchas decisiones se toman sentados frente a suculentos manjares, pero la misma importancia tiene cerrar grandes acuerdos que compartir el día a día de nuestros hijos. Recuperar esta costumbre es saludable para todos.